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Escribir es una bella tarea darle una parte maleable a la historia que hay en nuestras cabezas, impregnando el papel o el caso de nuestros tiempos al computador de las maravillas que hay en nuestra imaginación si casi el tiempo es relativamente nulo, aquí en este post les dejó la manera en la que lo hacían algunos grandes escritores.

Fuente: Libropatas.com

Quizás os ocurra lo que me pasa a mí: una de las cosas que me harían inmensamente feliz sería la de no poner el despertador por las mañanas. Dormir hasta que me cansase y luego trabajar hasta tarde. Posiblemente no sería muy operativo (porque todas las cosas funcionan durante el día y no durante la noche) pero lo cierto es que – quizás es autosugestión – estoy convencida de que a última hora soy más eficiente. Por ello, descubrir que no los profesionales creativos no madrugan fue una gran noticia para mí. Y leer Rituales cotidianos, de Mason Currey (en castellano en Editorial Turner), me confirmó que cada maestrillo tiene su librillo y que a cada quien le funcionan mejor según qué cosas. Aunque los escritores que madrugan ganan más premios (o eso dice la estadística),existen muchos escritores (y de los buenos o de los que se hicieron ricos escribiendo) que trabajaban a horas intempestivas. 

Aquí van algunos escritores que trabajan de noche:

– Samuel Johnson. Es uno de esos escritores clásicos de la literatura inglesa y uno de los que lo hizo por las noches. Trasnochaba – y no por escribir solo – por lo que no llegaba a su casa hasta las dos de la madrugada (el siglo XVIII, si eras acomodado, podía ser bastante divertido). Mientras los demás dormían, él simplemente escribía. Y tiene su mérito, que recordemos que no había poderosas bombillas eléctricas (¡ni siquiera máquina de escribir!) y tenía que hacerlo a mano, claro, y a la luz de las velas. Y, para que aún os caiga mejor, se lamentaba de que la pereza era su mayor enemigo: él intentaba hacerse con rutinas y ser constante, pero… no es tan fácil.

– Friedrich Schiller. A Schiller le encantaba tener un cajón con manzanas podridas en su cuarto de trabajo, porque el mal olor le hacía sentir la urgencia de escribir. Además, le gustaba trabajar de noche, porque no soportaba ser interrumpido por nadie ni por nada. Fumaba como un poseso y bebía café (y vino) para no dormirse. Y aunque a él le molestaba el ruido, no era muy respetuoso con no interrumpir las costumbres de los otros. Sus sufridos vecinos tenían que escucharlo declamar por las noches. Lo hacía a gritos, por supuesto. Esperemos que en el XVIII ya hubiese buenos tapones para los oídos.

– George Sand. Ya os hablamos de cómo trabajaba George Sand cuando abordamos lasrutinas de trabajo de las escritoras. Escribía de noche – y mucho – tanto como para dejar a sus amantes en cama dormidos e ignorantes de lo que estaba pasando e irse a escribir alguna de sus novelas.

– Franz Kafka. Todos sabemos que Kafka no vivía de la escritura y que si su amigo y editor, Max Brod, no hubiese obviado sus deseos, nunca habríamos podido leer sus obras. Durante el día, Kafka trabajaba en el Instituto de Seguros contra Accidentes para Trabajadores de Praga, un sitio con un nombre bastante aburrido y donde él no estaba muy conforme, y además tenía que interactuar con su familia. No podía escribir hasta que llegaba la noche. Como le confesaba a Felice Bauer, el piso en el que vivía con sus familiares era antes demasiado ruidoso.

– Marcel Proust. Si piensas en Proust, piensas en desayuno: la culpa la tiene la magdalena (aunque en realidad la magdalena en cuestión es culinariamente imposible) y también el saber que Proust se alimentaba de café y croissants (que es una dieta que podríamos poner de moda: saludable no será, pero atrayente lo es bastante). Aunque los hábitos de vida del autor no eran tan madrugadores: se levantaba a media tarde y escribía de noche en su habitación con las paredes de corcho para evitar los ruidos del exterior.

 Thomas Wolfe. Se murió muy joven (a los 38 años) y hace ya bastantes años (en 1938) pero aún así Wolfe es considerado aún uno de los autores más importantes de la literatura estadounidense moderna.  Empezaba a escribir a eso de la media noche y para ello se tomaba “increíbles cantidades de té y café”, como nos cuenta Mason en su libro. Y además lo hacía de una forma no muy cómoda: era uno de los escritores que escribían de pie y en vez de mesa, como era muy alto, usaba la parte de arriba de la nevera como atril.

– Gustave Flaubert. Flaubert estableció una disciplina estricta para escribir Madame Bovary, que no era un libro sencillo. Trabajaba por las noches varias horas porque durante el día se distraía más fácilmente (aunque no vivía de noche únicamente, porque cumplía con sus obligaciones familiares: vivía con su madre, su sobrinita de cinco años, la institutriz y de vez en cuando un tío). Aunque trabajaba de noche, se levantaba todos los días a las 10 y se daba un baño muy caliente (más puntos a favor de Flaubert: se bañaba antes de que fuese mainstream) y hacía varias cosas, como dar clase a su sobrina por las tardes. A las 9 o 10  de la noche, cuando su querida madre se iba a dormir, él se enfrentaba a Emma Bovary.

– Toni Morrison. Aunque en sus últimas décadas de trabajo Morrison trabajaba de forma diurna, al principio la escritora era un ave nocturna. Tenía una explicación. La escritora tenía un trabajo diurno y dos hijos que también reclamaban su atención, así que dedicaba las noches a su propia ficción. “No voy a cócteles, no organizo cenas sociales ni asisto a ellas”, decía. “Necesito esas horas de la noche porque en ellas puedo trabajar una barbaridad”.

– Anne Rice. Rice tampoco ha sido fiel para siempre a una rutina de trabajo, pero algunas veces sí ha dedicado la noche a escribir y el día a dormir. Lo hizo con Entrevista con el vampiro, porque por la noche era el momento en el que conseguía concentrarse porque nadie la molestaba con llamadas o conversaciones.

– Stephanie Meyer. La propia escritora lo cuenta en su web: escribió toda la sagaCrepúsculo por las noches. Aunque aprovechaba el día para pensar en la trama (las ideas se le ocurrían en clase de natación), no se sentaba delante del ordenador a trabajar hasta que llegaba la noche y la casa estaba en silencio.

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Un comentario en “Siempre Hay tiempo para Escribir

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