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Ed Kennedy es un chico cualquiera en un suburbio cualquiera de una gran ciudad. Vive en un apartamento maltrecho en compañía de su perro y se gana el sueldo como taxista. Le acompaña una pandilla de amigos que poco o nada le piden a la vida, pero de repente algo pasa y Ed tendrá una misión que cumplir…

Día tras día, noche tras noche, el joven irá descubriendo que el afecto, la amistad y el amor no son palabras huecas sino verbos vivos: si quieres saber, pregunta; si pretendes ayudar, actúa; si quieres cambiar, no esperes. A menudo, son los pequeños gestos los que mueven el mundo y Markus Zusak nos demuestra que cada uno de nosotros, incluso un chico cualquiera en un suburbio cualquiera, puede dar el primer paso.

La verdadera trama comienza cuando Ed está esperando en la cola del banco mientras un robo se lleva a cabo. Accidentalmente frustra la fuga de los ladrones y así, se convierte en el héroe. Poco después, encuentra en su buzón un as de diamantes. Sin embargo no sabe quien es el remitente. Sobre el as se encuentran escritas tres direcciones y unos horarios. Estos representan una serie de tareas que debe completar Ed. Sus tareas son las siguientes:

  1. Salvar a una mujer que es violada por su esposo casi todas las noches.
  2. Debe hacer compañía a una anciana.
  3. Debe ayudar a conseguir que una adolescente tenga más confianza en sí misma y a tomar control sobre su vida.

A lo largo del libro, Ed recibe más cartas que corresponden a los siguientes ases y además, un joker. Cada carta contiene diferentes tareas que con frecuencia se encuentran en forma de una pista o encriptadas en relación a la persona a la que debe ayudar o el lugar. En la penúltima carta, recibe una lista con títulos de películas en él y al descifrarlo, se da cuenta que corresponden a cada uno de sus tres mejores amigos. Algunas de sus tareas son: ir a una iglesia que necesita una congregación, decirle a su madre que acepta su nuevo novio, visitar un cine solitario y sin clientela… Finalmente recibe el joker que tiene su propia dirección en él. Ed se da cuenta que no es el mensajero, el que tiene que ayudar sino que es el mensaje. Esto queda reflejado perfectamente por Markus Zusak en una de las frases del libro:

“Eres la mediocridad personificada, Ed. Y si un tipo como tú puede levantarse y hacer lo que tú hiciste por toda esa gente, tal vez esto signifique que todo el mundo puede.  A lo mejor todo el mundo puede ir más allá de lo que se cree capaz.

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