wpid-img_20150928_081815.jpgLa literatura panameña, como ocurre también con la de los otros países, está formada por el conjunto de obras publicadas a lo largo de la historia nacional. En estricto sentido, y apegándonos a criterios de idiosincracia, identidad cultural y geografía, nuestra literatura se inicia durante la época de la colonia (1502 – 1821), como es el caso de todas las naciones latinoamericanas. Algunos historiadores consideran que incluso las llamadas “Cartas de relación” de los colonizadores españoles (y portugueses, en Brasil) que se refieren entre otras cosas a la flora, fauna, costumbres aborígenes y demás características de los territorios de América, forman parte fundacional de cada una de nuestras literaturas; para otros, las etnias que tenían una tradición oral antes de la llegada de los europeos, y que en algunos casos fue recopilada por cronistas y frailes cultos, y traducida al español -la literatura prehispánica de México es un ejemplo singular y trascendente-, representan el origen más remoto de lo que habría de ser, mucho después, una auténtica creación de textos con intención testimonial o interpretativa que aspira, a ser arte. Así, hay historias literarias que empiezan con alusiones y fragmentos de textos escritos por los “Cronistas de Indias” y otras que, por habérsela conservado y por su evidente valor cultural, lo hacen con muestras y comentarios de lo que ha dado en llamarse literatura “prehispánica”.

En lo que se refiere a Panamá, el Prof. Ismael García S, en su libro Historia de la literatura panameña (1964), comenta: “Tres grandes etapas se suceden en la historia del Istmo de Panamá. La primera corresponde a la dominación española, desde la llegada de Rodrigo Galván de Bastidas en 1501, hasta la proclamación de nuestra independencia en 1821. En este largo período, el cultivo de los quehaceres espirituales es casi nulo y los frutos literarios no pasan de intentos desafortunados de quienes sienten el ímpetu irrefrenable que los empuja a la creación literaria. El segundo período corresponde al de nuestra anexión a Colombia, que abarca de 1821 a 1903. El eco de los ayes románticos llega hasta los ámbitos istmeños y en la segunda mitad del siglo XIX aparece la primera promoción poética”, representada por Gil Colunje (1831-1899), quien a los 17 años escribió La verdad triunfante, primera novela panameña; Tomás Martín Feuillet (1832-1862); José María Alemán (1830-1887); Manuel José Pérez (1837-1895) y Amelia Denis de Icaza (1836-1911), cuya obra poética se reúne póstumamente en Hojas secas (1927). La transición del romanticismo al modernismo la integran, señala, Jerónimo de la Ossa, (1847-1907) Federico Escobar ( 1861-1912); y Rodolfo Caicedo (1868- 1905). García apunta que “la tercera etapa comprende desde 1903 hasta nuestros días. Es la era republicana…. En este período se adquiere, real y efectivamente, la conciencia de nuestros destinos, y la producción literaria representa un aporte definitivo y propio de lo nacional.

Señala, por otra parte, el historiador Rodrigo Miró, en su libro Itinerario de la poesía en Panamá (1973), que “el estudio de imagesSRWWNQJPlos periódicos panameños de principios del siglo XIX empieza a despejarnos el panorama que se abre con la transformación política de 1821, cuando se inicia también nuestro empleo de la imprenta. Y los textos poéticos hasta ahora recogidos, correspondientes a las dos primeras décadas de actividad periodística (1821- 1840)” están conformados por “himnos patrióticos, canciones cívicas, sonetos necrológicos, odas” que “expresan el sentimiento panameño frente al fenómeno de la independencia, lo mismo que una clara voluntad de progreso y convivencia en un mundo regido por la ley y la concordia. Y son elocuentes testimonios acerca de nuestra cultura literaria.”

Importa anotar aquí que, como lo indica Miró, “… la expresión poética del siglo XIX se realiza a través de la prensa. El libro es la excepción.” Advierte que él solo tiene noticias de “siete libros poéticos… en la bibliografía de la centuria. El más antiguo, Crepúsculo de la tarde, de José María Alemán, editado en Bogotá en1882.” Y señala que el más antiguo libro literario editado en Panamá es Ensayos políticos, morales y literarios, de Manuel José Pérez, prosa y verso, aparecido en 1888. Por cierto, la primera mujer panameña que escribe versos es Amelia Denis de Icaza (su poema “Al Cerro Ancón” es un clásico de la nacionalidad panameña), como parte de la generación romántica, nos dice Miró, así como Nicole Garay es la que más destaca en las filas de los modernistas y Zoraida Díaz, ” en la generación que irrumpió recién creada la República… fue la primera panameña que publicó un libro de versos”: Nieblas del alma, en 1922.

Según Miró, los tres primeros periódicos exclusivamente literarios fueron: El pensamiento (1856), órgano de la Sociedad Literaria fundada ese año, y El céfiro (1866) y El crepúsculo (1870), editados por Manuel T. Gamboa y José María Alemán, respectivamente”

Otros escritores que destacaron posteriormente -hacia fines del siglo XIX varios, y otros también a principios de la República- fueron: Darío Herrera (1870-1914), Salomón Ponce Aguilera (1868-1945), Simón Rivas (1867-1914), Adolfo García (1872-1900), León A. Soto (1874-1902), Guillermo Andreve (1879-1940) y Nicole Garay (1873-1928). Todos ellos forman la primera línea modernista. Cabe destacar que Herrera es el primer panameño que publica un libro de cuentos: Horas lejanas (Buenos Aires, 1903), elogiado por la crítica de la época, si bien Ponce Aguilera es considerado como el primero que publica cuentos en periódicos y revistas, sobre todo en (cuentos que nunca fueron recogidos en libro). Y que Andreve, hombre de letras muy completo, gran promotor cultural, periodista y político, creó la revista literaria más importante de la época, en la que publica toda la generación modernistas: “El Heraldo del Istmo” (1904-1906).

La segunda hornada modernista estuvo integrada por: Ricardo Miró (1883-1940), Demetrio Fábrega (1881-1932), Aizpurua (1882-1953), Héctor Conte Bermúdez, Enrique Genzier (1887-1943), Hortensio de Icaza y Zoraida Díaz, (1881-1948), José María Guardia (1885-1948), entre otros. Todos publican en el ya mencionado ” El Heraldo del Istmo”, y después en la revista “Nuevos ritos” (1907-1917), de Ricardo Miró.

La última floración de esa época corresponde a Gaspar Octavio Hernández ( (1893)- 1918), José Guillermo Batalla (1886-1962), Demetrio Korsi (1899-1957) y Santiago McKay, entre otros, Publican en la revista “Esto y aquello ” (1914-1915), dirigida por Geenzier y Santiago Benuzzi, y después por Hernández; más adelante lo hacen en la revista ” Memphis” (1916-1919).

Otra personalidad relevante de principios del siglo XX es María Olimpia de Obaldía (1891 – 1985), “representante femenina de nuestra poesía postmodernista”, según Ismael García S. Sus principales libros son: Orquídeas (1926); Breviario lírico (1930); y Visiones eternas(1961). También, de esta época, es importante destacar la obra de Demetrio Korsi, ya mencionado, con libros como: El viento en la fontana (1926), Cumbia (1936); El grillo que cantó sobre el Canal (1937); El grilloque cantó bajo las hélices (1942); Los gringos llegan y la cumbia se va (1953); y El tiempo se perdía y todo era lo mismo (1956); la obra de Demtrio Herrera Sevillano (1902-1950), con sus libros, Kodak (1937); Los poemas del pueblo (1939); La canción del esclavo (1947); y Ventana (1950); y Rogelio Sinán (1902-1998).

De Sinán, iniciador de la vanguardia literaria en Panamá, y uno de los hombres de letras más completos del país, es obligatorio mencionar su breve pero importante obra poética: Onda (1929); Incendio (1944); Semana Santa en la niebla (1949) y Saloma sin salomar (1969). Como novelista: Plenilunio (1947) y La isla mágica (1977). Y como cuentista: A la orilla de las estatuas maduras (1946); La boina roja (1954); y El candelabro de los malos ofidios y otros cuentos (1982); Cuentos de Rogelio Sinán (1972). Como autor teatral de farsas infantiles: La cucarachita mandinga (1937) y Chiquilinga (1961).Leer-libros-Optimax

Pese a los muchos problemas que siempre ha enfrentado el escritor panameño para sentirse incentivado en su quehacer creativo y, sobre todo, para publicar sus obras, la literatura de este país cuenta con un número importante de autores que han publicado libros o simples cuadernillos o folletos de calidad en los géneros Poesía, Cuento, Novela y Ensayo -en ese orden, tanto en cantidad como en calidad- y muy poco en Teatro. A continuación una lista, sin duda incompleta, de autores: cuyas obras reflejan esta panorámica:

Entre los poetas, además de los ya mencionados: Ricardo J. Bermúdez (1914), sin duda uno de los más importantes poetas nacionales, con libros como: Adán liberado (1944), Laurel de cenizas (1951); Cuando la isla era doncella (1961); Con la llave en el suelo (1970); y Poesía selecta (1982). Muy destacada también Stella Sierra (1919-1997), con sus obras: Canciones de mar y luna (1944); Sinfonía jubilosa en doce sonetos (1944); Libre y cautiva (1947), posiblemente uno de los poemarios más perfectos y emotivos escritos por una mujer panameña; Cinco poemas (19499; el volumen antológico Poemas (1962); y Libre y cautiva. Verso y prosa: Obra escogida (1984).

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